El Objeto de Las Armas


Vivimos en una era donde hemos decidido darle el poder a los objetos de controlarnos. Hemos dejado que nos vuelvan adictos a ellos o que los acusemos de nuestras peores decisiones. Hemos llegado al punto de pensar que retirando el acceso a un objeto nos libra de cometer errores en contra de nosotros o los demás.

Hemos renunciado a la habilidad y confianza de que podemos tomar decisiones por nosotros mismo o más allá hemos decidido que nadie puede tomarla por ellos mismos. Vivimos con el miedo y la debilidad de sentir que el poder para tomar la decisión de hacer el bien o el mal es peligrosa para nuestra existencia. Se ha decidido que los porcentajes menores de riesgo se vuelvan los más importantes. Que las excepciones se conviertan en nuestras mente en seguridades rígidas y sin márgenes de error. Hemos renunciado a nuestra libertad de escoger lo mejor para nosotros por sentirnos seguro sobre pequeñas o diminutas posibilidades.

Vivimos en los extremos. Donde permitimos y aplaudimos las mínimas aberraciones en nuestra sociedad. Pero censuramos las benevolencia con mínima desventaja. No hemos hecho adictos a la cultura ligera de mercadeo de logos, símbolos y definiciones que nada tiene que no tiene resonancia con verdadera sustancia de las cosas. Más vale la opinión de una celebridad que las ideas profundas o innovadoras de un científico o un filósofo.

La cultura “light” que prefiere repetir un resumen general que un análisis causal en detalle de algún acontecimiento como una masacre o una nueva ley. Nos está arrebatando el adejtivo de seres pensante reforzando el de seres vivientes si mas que respirar hasta morir.



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